domingo, 16 de octubre de 2016

La persona a la que más he querido nunca aún no ha nacido.
Yo sé que mi niña va a pensar que yo la cuido a ella cuando será justamente al revés.
Hoy he visto a mi niña en acción por primera vez pegar patadas, hacer la croqueta y tirándose por el tobogán. No hace falta test de paternidad: todo el mundo sabe que es mía. Todo el rato haciendo el mono.
Y que haga y le guste alguna de las cientos de millones de cosas que yo he empezado a hacer y me han gustado tanto y que dejé a medias.
Espero que mi hija herede la inteligencia práctica, la tenacidad, la organización y la lealtad de su madre. Y sus ojos.
También le tengo que enseñar a mi hija a caer en la tentación de ser cursi, es decir, en la simplicidad y la mentira.
Soy un hijo lamentable, una pareja mejorable, un amigo decente. Espero ser buen padre.


    Qué trabajo tan duro criar a una persona para que sea feliz, optimista, sociable, curiosa, divertida, amable y buena.

    Casi prefería lo clásico, que es lo más fácil: alimentarla y darle una educación.

    Sólo cuando la gente sepa que el fin único de su vida es ser feliz debería poder ser padre. Y transmitir eso al que venga.
Aún no ha nacido y ya tengo mil tonterías que hacer con mi hija.